MESOPOTAMIA
Otra diosa de indudable importancia y sobre la que existen gran
cantidad de registros es también Ninnanna o Inanna, la
diosa del cielo, de la fertilidad y del amor, a quien los babilonios llamarían
posteriormente Ishtar,
los griegos Afrodita y
los Romanos Venus.
Enheduanna, la primera escritora de la Historia
Existen
cientos de tablillas con cantos y poemas en honor de Inanna. Pero los primeros
poemas escritos para venerar a la diosa pertenecieron Enheduanna, hija de
Sargón I de Acadia, o Sargón “el grande”, por ser el primer rey que unificó la
Alta y la Baja Mesopotamia.
El primer autor conocido de una obra de
arte era poeta y mujer aristócrata con un alto cargo dentro del gobierno. Antes de ella hubo
creadores, pero ella es la Primera Autora de la que tenemos noticia.
Sargon se
casó con Tashlutum de la
que tuvo varios hijos; entre ellos a Enheduanna, a la que instaló como Gran
Sacerdotisa del Dios-Luna en la ciudad de Ur. Era una inteligente decisión
estratégica puesto que Ur era una de las ciudades más importantes de la recién
conquistada región de Sumeria, al sur de Mesopotamia, y uno de los más
importantes santuarios de Nanna-Sin, el dios principal del panteón de la época.
Sus funciones eran por tanto religiosas y políticas, y debió ser hábil en
cumplirlas, porque su puesto se institucionalizó y perduró tras su
muerte. Su existencia
histórica está demostrada por un disco de alabastro hallado en la zona más
secreta del templo de Nanna en Ur (mostrado arriba), y por otras piezas de
joyería.
Pero
aunque su advocación oficial era Nanna la pasión de Enheduanna claramente era su hija en el
panteón mesopotámico:
Diosa de la
guerra y del amor, reina de la primavera/verano, resucitada de
entre los muertos tras bajar al Inframundo a enfrentarse con su némesis y
casada con Dumuzi, rey del otoño/invierno. Asociada con el planeta Venus, es la
posterior Ishtar, y se la identifica con la Afrodita griega y la Astarté
fenicia, y a través de ellas con la Venus romana.
Inanna no sólo reinaba sobre la guerra y el amor (que no el matrimonio), sino
que mediante un subterfugio (emborrachándolo) había conseguido robar al
poderoso dios Enki los ‘Me’, las invariables
reglas de conducta necesarias para la civilización humana; los algoritmos del
comportamiento más avanzado, como los oficios del pastor, el herrero o el
escriba, las dignidades de los sacerdotes, las historias del descenso y ascenso
del Inframundo o la narración del diluvio. Adoptaba así las características de
Prometeo, robando aspectos vitales de la civilización a los mismos dioses para
dárselos a los humanos. Simbólicamente la igualdad o incluso preeminencia de
Inanna frente a su padre Nanna-Sin representaba el derecho de los Acadios a
gobernar a los Sumerios en pie de igualdad.
Enheduanna
compuso numerosos poemas o cantos de temática religiosa, algunos en forma de
himnos, otros directamente dirigidos a Inanna. Se conservan 42 himnos que exaltan diversos
templos en ciudades de Sumeria y Acadia como Eridu, Sipar y Esnunna, y que se
han recuperado de 37 tabletas procedentes de Ur y Nippur, lo que demuestra que
se usaron durante siglos en las devociones. Constituyen uno de los primeros intentos
conocidos de sistematizar una teología; explícitamente Enheduanna escribe que
‘algo se ha creado que nadie creó antes’. Además de escribir "La exaltación a Innana" o 'Nin-Me-Sar-Ra', 153 líneas dedicadas a la diosa en
las que Enheduanna narra también su propia expulsión de Ur y su posterior
retorno a la ciudad. También se conserva un ‘Himno a Nanna’ y fragmentos de
otros trabajos, así como un himno dedicado a ella por un autor posterior que
narra su apoteosis (su deificación tras su muerte).
Antes de
ella no nos consta que las personas que creaban o inventaban algo quedaran
asociadas a sus creaciones; de hecho sabemos que en la cultura mesopotámica la
actividad de la construcción de templos y edificios era casi sagrada, y sin
embargo no había un personaje equivalente a nuestro arquitecto, en el sentido
de un creador.
INNANA: PRIMERA DIOSA DE LA
FERTILIDAD
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